ORE POR TODO

Para orar la Biblia, simplemente recorra un pasaje versículo por versículo, hablando con Dios acerca de todo aquello que venga a su mente mientras lee el texto. Es un método sencillo y accesible para todo creyente.

Si no entiende el significado de un versículo, continúe con el siguiente. Si el significado es claro pero no surge nada específico por lo cual orar, continúe adelante. Hable con el Señor acerca de todo lo que venga a su mente mientras lee lentamente Su Palabra. Incluso —y esto puede malinterpretarse fácilmente— aunque lo que venga a su mente no esté directamente relacionado con el texto que está leyendo.

Esto es bíblico. ¿Qué nos dice la Escritura que debemos llevar en oración? Todo.

Filipenses 4:6 (NBLA) declara:

«Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios».

Podemos presentar “en todo” nuestras peticiones ante Dios. Cada persona, cada asunto, cada circunstancia, cada temor, cada situación—todo puede ser llevado delante del Señor. Por lo tanto, cada pensamiento que surja en su mente mientras lee la Escritura — aun si no está directamente relacionado con el texto — puede ser presentado a Dios en oración.

INTERPRETAR Y ORAR: UNA DISTINCIÓN NECESARIA

Es esencial hacer una distinción entre este enfoque y la correcta interpretación bíblica, conocida como hermenéutica.

Manejar con precisión la Palabra de Dios significa esforzarse por comprender el significado que Dios inspiró en cada pasaje. El texto significa lo que Dios quiso que significara; no significa “lo que significa para mí”.

Para entender correctamente la Biblia — lo cual es esencial para una doctrina sana, una vida piadosa, un testimonio fiel y la enseñanza con autoridad — debemos procurar descubrir el significado inspirado por Dios en cada versículo.

En el estudio bíblico, nuestro propósito principal es comprender y aplicar el texto. Dedicamos esfuerzo a entender lo que dice y lo que significa. De manera secundaria, oramos pidiendo entendimiento o dirección para la aplicación.

Pero en este método, la actividad principal no es el estudio sino la oración. La lectura sirve como guía que orienta nuestros pensamientos hacia Dios. El enfoque primario es Dios en oración; la lectura bíblica es el instrumento que dirige esa oración.

ILUSTRACIÓN

Suponga que ora leyendo el Salmo 130 y llega al versículo 3:

«Si Tú, Señor, tuvieras en cuenta las iniquidades, ¿quién, oh Señor, podría permanecer?»

Si al leer alguna palabra le viene a la mente una persona conocida, puede orar por esa persona. Usted sabe que el texto no se refiere a ella, pero no es incorrecto presentarla delante del Señor en ese momento.

Considere también el Salmo 23:3 (NBLA):

«Él restaura mi alma».

Este versículo se refiere al creyente cuya alma es restaurada por el Señor. No trata del evangelismo. Afirmar públicamente que el texto significa algo distinto de lo que Dios inspiró sería incorrecto.

Sin embargo, mientras ora este versículo, podría venir a su mente una persona inconversa. Entonces puede decir: “Señor, restaura su alma; tráela de muerte a vida”. No está alterando el significado del texto, sino utilizando el lenguaje bíblico para orar conforme a lo que Dios ha puesto en su corazón.

A veces orará exactamente conforme al contenido del texto:
“Señor, restaura mi alma al gozo de Tu salvación.”

En otras ocasiones, usará el lenguaje de la Escritura para expresar peticiones que surjan mientras lee.

CONFIANZA EN LA PALABRA Y EN EL ESPÍRITU

Tenemos plena confianza en que el Espíritu Santo usa la Palabra de Dios para conformar nuestras oraciones a la voluntad de Dios.

Si los creyentes oran de este modo, a largo plazo sus oraciones serán más bíblicas que si simplemente formulan peticiones sin la guía de la Escritura. Sin la Palabra moldeando la oración, es fácil repetir las mismas expresiones acerca de los mismos asuntos.

Aunque ocasionalmente este método incluirá peticiones no directamente presentes en el texto, eso ocurrirá con menor frecuencia que cuando oramos sin la dirección de la Escritura.

De esta manera, el Espíritu de Dios usa la Palabra de Dios para ayudar al pueblo de Dios a orar cada vez más conforme a la voluntad de Dios.